La guerra iniciada por EE UU e Israel contra el Estado Islámico de Irán, el 28 de febrero de 2026 ha traído graves consecuencias económicas, pérdidas humanas y de contaminación ambiental, para los estados involucrados directa e indirectamente en la guerra de oriente medio. Por ahora, no se sabe cuándo podrá parar esta contienda bélica fratricida que, obviamente no está encuadrada en las motivaciones convencionales que establece la carta de la ONU; como tampoco se pelea solo contra los objetivos militares en contienda. Parece que el agresor americano ya se acostumbró como ha sido su conducta con los países de nuestro continente en el siglo pasado; antes fue porque se creía dueño de los países pequeños y de sus riquezas; ahora, porque los tiranos gobernantes de los estados se han adueñado del poder y de las riquezas de cada pueblo.

Al menos ese es el pretexto para invadir y matar gente impunemente. En el caso de Irán, a más de las causales antes descritas, entre otras, se suma la de enriquecer el uranio para la fabricación de armas nucleares, ya que, este país de oriente medio también es suscriptor del tratado de “No proliferación de armas de ese tipo; por tanto, se cree que se encuentra violando las disposiciones de ese mandato internacional, sin que se haya probado tal aseveración, como lo sostiene el organismo internacional encargado de su vigilancia. Lo cierto es que: verdad o mentira, quienes están sufriendo las consecuencias de una guerra infame, es la población pobre, entre ellos: niños, ancianos y mujeres que prácticamente viven desprotegidos.

Los blancos de estas andanadas de cohetes balísticos lanzados desde las bases militares, aviones de combate y drones, no son los ejércitos, sino, los lugares estratégicos en donde se almacena la cohetería balística, aeropuertos, centros nucleares, centros de mando militar y otros lugares que pueden causar peligro para los agresores. Al inicio se creyó que el objetivo era únicamente acabar con la vida del Ayatola Alí Jamenei, Líder Supremo de Irán, un tirano fundamentalista que se constituyó en el azote de la población, especialmente de las mujeres que viven privadas de algunos derechos humanos, acentuándose desde que se consolidó la Revolución Islámica.

Sin embargo, ya son 11 días de extenderse la guerra hasta ayer, con un saldo registrado hasta el domingo pasado de: 1.332 muertos, 4.253 heridos y 5.042 desparecidos por el lado iraní; mientras que en Líbano suman: 394 muertos y 1.160 heridos. Israel registra 12 muertos, 1.619 heridos y 11 desaparecidos; finalmente EE UU registra 7 muertos y 20 heridos, que son los países involucrados directamente en la guerra. Los países petroleros vecinos de Irán en donde se encuentran bases militares yanquis, han sufrido algunas bajas por efecto del impacto de misiles balísticos que han sido lanzados por Irán, en represalia por el ataque de la coalición extranjera.

El ejército israelí experto en matar inocentes como lo hizo recientemente en la franja de Gaza, está haciendo otra de las suyas; pues, la organización de derechos humanos Human Rights Watch, en un informe denunció que, este ejército en forma ilegal está utilizando municiones de fósforo blanco que causan incendios y que son disparadas por la artillería, sobre las viviendas en una parte residencial en el sur de Líbano y que ha sido verificado el 3 de marzo de 2026.

Algunos pueblos de medio oriente están ardiendo por efecto de una guerra cruel y despiadada, y  solo quedan como mudos testigos, negros nubarrones de humo y hieros retorcidos colmados de hollín, como producto de las explosiones y los incendios que causan los bombardeos de los enemigos. Muchos justifican esa guerra afirmando que es en bien de la seguridad mundial, cuando en verdad sabemos que detrás de todo está, la recuperación del poder hegemónico geopolítico y de la seguridad de la producción petrolera de las empresas transnacionales.                                      Loja – 10 – III – 2026

Luis Alulima Benítez