A esta altura del desarrollo científico-tecnológico del mundo y de las necesidades de desarrollo de los países más atrasados del planeta, como es el caso del Ecuador; es de urgencia prioritaria, al igual que el de la salud, el de aplicar las medidas más aconsejadas que lleven a encontrar el despegue definitivo, hacia los cambios sustanciales que necesitan los espacios del conocimiento. Porque un pueblo con títulos, repitiendo lo elementalmente conocido, sin potenciar sus capacidades intelectuales y creativas que posee, millón veces probadas; nunca podrá salir del subdesarrollo grosero en el que se encuentra, a pesar de todos los esfuerzos particulares que hagan. Y es que, un pueblo ignorante, enfermo y desnutrido, vivirá condenado a seguir masticando la culpa de ser cómplice de la irresponsable desatención del Estado.
Durante siglos la educación ecuatoriana sufrió un solo patrón de enseñanza: la tradicional o bancaria como la denomina el Pedagogo Paulo Freire, orientada a privilegiar la memoria que consiste en un modelo centrado en el maestro como autoridad, que transmite saberes de forma vertical a estudiantes pasivos que aprenden principalmente por memorización y repetición, buscando formar individuos eruditos y disciplinados, con una enseñanza verbalista, un currículo rígido y una evaluación enfocada en la reproducción del contenido, limitando la creatividad y el pensamiento crítico.
Las necesidades de cambio pedían a gritos un nuevo modelo educativo, ya que, resultaba imposible implementar nuevas formas de pensamiento y de ver la realidad y el mundo; mientras otros países en nuestra propia América, como Costa Rica, que no tiene las riquezas naturales como las de el Ecuador, se encuentra muy por encima de nuestro escaso desarrollo, que vende al exterior únicamente materia prima, carente de producto manufacturado, por lo cual, no puede multiplicar plazas de trabajo.
Para que tengan una idea clara de lo que ha hecho Costa Rica con la educación, reproduzco un párrafo del discurso de Velia Gobaere Vicarrioli, enviada para asistir a una reunión de países desarrollados de América, en donde manifestó: “Los principales recursos de Costa Rica parten del cultivo social y educativo de su acervo humano. Costa Rica es un país cuyo imaginario colectivo se contempla a sí mismo como educado, democrático, equitativo y pacífico. Costa Rica tiene una formidable inversión educativa y social, dedica buena parte de sus recursos a Educación e inversión social”.
En el Ecuador a partir de 2010 se implementó un nuevo modelo educativo que, realmente no prosperó porque en su aplicación se encontró con una serie de problemas insalvables. Las intenciones conjuntamente con buena parte del nuevo modelo escrito, son interesantes y quizá las necesarias para un buen despegue definitivo hacia el progreso. Desafortunadamente desde el inicio estuvo plagada de equivocaciones fatales que hizo que no resulte funcional. El cambio de modelo implica la participación integral del sistema educativo; es decir, desde las universidades e institutos pedagógicos que prepara al nuevo maestro, hasta los recursos que se necesita para modernizar la educación.
Por el contrario, y desprovistos del más elemental sentido común de las cosas, se cerraron los institutos pedagógicos, los colegios técnicos de la ruralidad que proveían de conocimientos a los campesinos, los talleres artesanales que hacían posible la preparación de mano de obra calificada y se cerraron más de 6 mil escuelas rurales en todo el país. Al respecto, la pedagoga Rosa María Torres, afirma, “Diez años de «revolución educativa» no modificaron en el Ecuador el modelo educativo convencional. Avanzar hacia una cultura que desarrolle el pensamiento crítico y autónomo, la lectura y la lectura crítica de medios, implica avanzar hacia un modelo democrático, crítico y participativo de información, comunicación y educación”. En realidad, se intentó, pero no funcionó; faltó lo más importante: un magisterio debidamente preparado para asumir los retos. Ahora, seguimos peor que antes; la educación sufre la más grave desatención y se muestra como el reflejo de la crisis moral, ética, social, política y económica de nuestro sangrante país.
Luis Alulima Benítez
Loja – 16 – XI – 2025


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