En el Ecuador y particularmente en nuestra ciudad de Loja, escasamente tenemos la oportunidad de alegrarnos comunitariamente, por algo bueno que haya sucedido. Probablemente sólo los deportes nos han dado espacios como para estar alegres y sentirnos orgullosos de ser ecuatorianos y también lojanos, cuando nuestros deportistas han cumplido con protagonismo más allá de lo habitual; del resto, no hay para qué referirnos. Sin embargo, en nuestra urbe y durante el desarrollo de la décima edición del FIAVL, que se desarrolló desde el 13 al 23 de noviembre de 2025, Loja realmente se vistió de gala, de lo que nos corresponde por lo que tenemos y por lo que somos. Por los títulos que se nos ha dado y porque la historia nos ha reconocido. Creo que, obligadamente debemos dejar en el pasado ese anquilosamiento al que nos sometieron, por el interés politiquero de caciques criollos que, aprovechándose de nuestra nobleza de alma, han logrado resquebrajar la unidad histórica de los lojanos, demostrada en mil acciones en los tiempos pretéritos.
Desde su inauguración, las autoridades organizadoras y participantes de este acontecimiento artístico internacional, entraron con pie derecho – como se dice en el argot popular- para reafirmar la capacidad que tenemos los lojanos y poner en escena todo un acontecimiento cultural. Y claro, en esta cruzada de amor por la cultura, el festival contó con la participación del gobierno nacional a través del Ministerio de Educación y Cultura, que ha contribuido con 1.3 millones de dólares, más, 350 mil del aporte municipal; además contó con la Organización de Estados Iberoamericanos, el Instituto de Fomento de las artes, Innovación y Creatividad; delegaciones artísticas propiciadas por las embajadas de países amigos; contando también con representaciones de algunas provincias, de las instituciones de educación superior y Unidades Educativas de la ciudad, la Casa de la Cultura, Núcleo de Loja, la empresa privada y grupos de artistas dirigidas por personas particulares, entre otras.
En esta cita memorable participaron alrededor de 18 elencos internacionales, 15 nacionales y más de un centenar de artistas lojanos. Con todo lo bueno que pudo haber participado el gobierno nacional, a través de los organismos que han coadyuvado para la mejor organización de esta cita internacional del arte, nos preocupa que, aun los organizadores tengan que esperar la tutela centralista para tomar decisiones en lo que a la organización respecta. En esta parte nos falta unidad para hacernos respetar como ciudadanos mayores de edad y con capacidad para hacer grandes cosas, porque nos tratan como a adoloscentes. Al respecto, nos falta un marco legal que nos facilite organizar autónomamente el festival y de esta manera forjarnos de acuerdo a los intereses de los lojanos; pero también, de una preparación permanente de todo un año para ir mejorando en calidad y cantidad.
No está por demás, felicitar a los organizadores, a las instituciones públicas y privadas, a los maestros, padres de familia y estudiantes, a los gestores culturales particulares participantes, y a la ciudadanía por su buen comportamiento como anfitriones. Los diferentes espectáculos presentados, sí estuvieron a la altura de nuestra ciudad generadora de grandes manifestaciones artísticas en la música, la danza, la pintura, la poesía y demás haceres culturales. Que existieron fallas, ¿en dónde no ha habido? ¿Que nos falta? Claro que nos falta y se debe o debemos trabajar para llegar a la altura de cualquier ciudad latinoamericana organizadora de estos eventos.
Lo que se debe rescatar y ya, es, el amor por lo nuestro, el nuevo despertar masivo de las instituciones por estar involucradas en un acontecimiento de tanta trascendencia cultural, que nos puede llevar a ser reconocidos por siempre y fuera de los lindes patrios. Lo deseable sería para que se trabaje todo el año a fin de superar algunas acciones negativas: organizar UN FORO CULTURAL, en donde participen todas las instituciones públicas, el sector privado organizado y las personas de buena voluntad, a fin de que sumen no solo voluntades, si no también, iniciativas, acciones y concreciones que determinen una alta participación de la ciudadanía organizada, para ubicar en todo lo alto al festival.
Luis Alulima Benítez


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