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La entrevista concedida este lunes por Javier Milei a una televisión argentina, en la que el presidente argentino se intenta desvincular del escándalo de $Libra, fue publicada entera por la cadena TN en su canal de Youtube con tramos que no fueron incluidos en la versión emitida por la señal. Cómo llegaron esas imágenes a las redes merecerá una investigación interna, pero todo apunta a un error de los equipos de comunicación de la Casa Rosada.

La grabación de la entrevista, realizada a las tres de la tarde en el despacho del propio Milei, quedó bajo el control del Gobierno hasta su emisión a las ocho de la noche. Sin explicación, la versión que llegó más tarde a las redes de TN no fue la misma que salió al aire.

—¿No es que se pactaban las preguntas?—, pregunta Milei con sorna al periodista que lo entrevista, Jonatan Viale, luego de dar su versión tras la polémica alrededor de la criptomoneda $Libra.

—Sí, sí, acá: estas me las anotó [Manuel] Adorni [responsable de comunicación del Ejecutivo]; estas Karina Milei [su hermana y principal asesora]; [Santiago] Caputo [el hombre fuerte del Gobierno] estas…—, responde el reportero de TN, con una sonrisa, en el corte no emitido. Minutos antes, en un tramo que sí salió al aire, Viale había llamado “tarados” a los colegas que, suponía, lo criticarían más tarde por su fama de ser extremadamente condescendiente con el presidente.

Consecuencias judiciales

La conversación entre ambos continúa entonces con una pregunta sobre las posibles consecuencias judiciales que puede enfrentar el presidente por haber promocionado una cripto que se derrumbó en su cotización en pocas horas, dejando un tendal de damnificados. Milei insistía en que su tuit había sido como simple ciudadano. El periodista insiste varias veces en que él era, además de un ciudadano, el presidente.

Ante la sonrisa incómoda de Milei interviene Santiago Caputo, que le susurra algo ininteligible al oído:

—Sí, yo entiendo, me di cuenta… Te puede traer un quilombo judicial—, añade el periodista. Mira al techo y cambia de tercio. —A ver cómo veníamos…—, prosigue Viale. Y retoma la pregunta inicial.

El corte, de poco más de dos minutos, fue eliminado de la versión emitida por cuestiones evidentes. Milei enfrenta una investigación judicial ante la justicia argentina por presunta estafa. Un estudio de abogados promovió una denuncia similar en Estados Unidos. La primera estrategia de defensa del presidente fue, como intentó dejarlo en claro en lunes, decir que su mensaje fue el de un ciudadano común que obró “de buena fe”, convencido de que hacía un bien.

Cuando $Libra ya daba señales de ser una estafa, Milei borró su mensaje en X. “Esa cuenta es personal, mirá mi perfil”, le dice Milei al periodista, que nunca dejó de tutearlo. “Sí, dice ‘economista’, ya sé. Pero sos el presidente”, le insiste Viale. En ese momento, Caputo interrumpe la charla.

El viernes pasado, Milei apelaba a sus 3,8 millones de seguidores en la red social X (propiedad del magnate estadounidense Elon Musk) a invertir en $Libra, una criptomoneda de nuevo cuño. Su cotización pasó en minutos de cero a 4,7 dólares (4,5 euros) y el valor global de la criptomoneda escaló hasta los 4.500 millones de dólares. Repentinamente, sin embargo, las pocas billeteras que concentraban la mayoría de los tokens (activos digitales) retiraron 90 millones de dólares y la $Libra se derrumbó en minutos. La polémica estaba servida.

Tras una serie de tuits en los que trataba de desmontarla —sin mucho éxito—, el mandatario concedía este lunes la citada entrevista televisiva. En ella, Milei equipara las pérdidas sufridas por inversores a “ir al casino y perder plata” y se refiere al asunto como “un problema entre privados”: “Yo no lo promocioné, solo lo difundí. Soy un tecnofanático y ese proyecto era para financiar a aquellos que son emprendedores y que no tienen acceso al mercado formal. Me pareció una herramienta interesante. Cuando se hace público el proyecto de Libra le doy difusión”, se justificó.

Horas después trascendía el corte no publicado originalmente, que demuestra tanto la injerencia del equipo de comunicación del presidente, con preguntas previamente pactadas, como la posterior edición de la conversación en la que se eliminan los pasajes más complicados para Milei. La situación deja muy mal parado también al periodista, que accede a repreguntar sin poner objeciones.

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