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Estados Unidos y Rusia han negociado cara a cara por primera vez desde que Vladímir Putin ordenó la invasión de Ucrania, hace casi tres años. Las delegaciones encabezadas por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, y el ministro de Exteriores ruso, Serguéi Lavrov, se han encontrado este martes en Riad para hablar sobre Ucrania y el futuro orden mundial que preparan sin la presencia de dos partes clave en el proceso, Kiev y la Unión Europea. Al concluir, han acordado “sentar las bases para la cooperación futura” entre los dos países, un proceso que esperan que suponga “una resolución exitosa del conflicto en Ucrania”, según un comunicado divulgado por el Departamento de Estado. Con algo menos de entusiasmo, el asesor de política exterior del Kremlin, Yuri Ushakov, ha señalado: “Todavía es difícil hablar de un acercamiento entre las posiciones de Moscú y Washington”, aunque las más de cinco horas de reunión mantenidas, en su opinión, “no han ido mal”.

Ushakov ha declarado que ambas delegaciones “han acordado tener en cuenta los intereses del otro”. Según la parte rusa, se ha tratado de un contacto preliminar y los equipos negociadores de Washington y Moscú abordarán la guerra de Ucrania “a su debido tiempo”.

El departamento de Estado estadounidense ha publicado un comunicado en el que su portavoz Tammy Bruce revela que las dos potencias nucleares crearán un mecanismo de consulta nuevo para abordar “los problemas irritantes” en sus relaciones bilaterales y avanzarán hacia “la normalización” de sus respectivas misiones diplomáticas, reducidas en gran medida por las expulsiones de diplomáticos estos años.

La agencia estadounidense Bloomberg ha publicado que Donald Trump y Vladímir Putin podrían reunirse la próxima semana. Los contactos a distintos niveles se prolongan desde hace meses y algunos medios estadounidenses aseguran que ambos mandatarios se llamaron en secreto anteriormente, pero la negociación oficial ha comenzado este martes pasadas las 10 de la mañana (hora peninsular española) bajo la atenta mirada del ministro de exteriores saudí, Faisal bin Farhan Al Saud. Trump prometió en 2017 que sancionaría a su régimen por el violento asesinato del periodista Jamal Khashoggi, una figura que adquirió relevancia dentro de las miles de víctimas políticas en Arabia Saudí, pero ocho años después Riad no solo no ha sido castigada, sino que ha reforzado su influencia en la fragmentada comunidad internacional y en Occidente con sus inversiones en empresas estratégicas.

La negociación en Riad ha venido acompañada de una multiplicación de mensajes rusos que inciden en la exclusión a la que someten a Europa en este proceso. El viceministro de Asuntos Exteriores ruso, Alexánder Glushkó, ha descartado desde Moscú la presencia de la Unión Europea en la próxima ronda de negociaciones con Estados Unidos y ha rechazado de manera tajante la propuesta de una misión de paz en Ucrania, uno de los elementos que han esbozado hasta ahora los líderes de los grandes países europeos, aunque con división respecto a si desplegarla o no. “La Federación de Rusia está en contra de las fuerzas de paz europeas en Ucrania; esto sería una escalada”, ha declarado el diplomático, que afirma no ver ninguna señal de acercamiento entre Rusia y Europa y ha exigido al bloque que no suministre armas a Kiev.

En Moscú no ocultan su euforia por las negociaciones. “Rusia toma nota de la reacción nerviosa de Occidente ante la histeria que están provocando los contactos ruso-estadounidenses”, ha declarado la portavoz del Ministerio de Exteriores ruso, María Zajárova, mientras las conversaciones de Riad estaban en curso.

El optimismo mostrado en público por las autoridades y la propaganda rusa contrastan con las supuestas intenciones de Trump sobre Ucrania. Moscú piensa que Kiev es una parte inalienable de lo que llama russki mir —el mundo ruso, un espacio más allá de sus fronteras que el Kremlin cree suyo, directa o indirectamente—, pero el presidente estadounidense desea que Ucrania le entregue el control de sus tierras raras, hidrocarburos, puertos y otras infraestructuras para cobrarse el apoyo entregado estos años. Según el diario The Telegraph, Trump ha exigido al Gobierno de Volodímir Zelenski medio billón de dólares, una cifra que sería mayor en comparación que las reparaciones exigidas a Alemania tras la Primera Guerra Mundial.

El responsable de la parte económica de la delegación enviada por el Kremlin, el director del fondo soberano ruso, Kiril Dmítriev, ha mostrado la predisposición absoluta de su régimen para volver a hacer negocios con Washington y colaborar en su expansión en nuevas zonas estratégicas del planeta. “Rusia y Estados Unidos necesitan avanzar en proyectos conjuntos, incluido el Ártico”, ha manifestado el alto cargo antes de que comenzasen las conversaciones.

El Ártico será una de las próximas grandes batallas geoestratégicas entre las grandes potencias. El deshielo provocado por el cambio climático está abriendo nuevas rutas al comercio por el círculo polar que son mucho más directas y económicas que las actuales, y el presidente estadounidense, Donald Trump, anunció tras su investidura que sus planes pasan por anexionarse Groenlandia para tener un pie en la zona.

El comunicado del departamento que dirige Rubio indica que Washington ha recogido el guante de Moscú. Entre los objetivos abordados este martes, ambas partes han acordado “sentar las bases para la cooperación futura en asuntos de interés geopolítico mutuo y oportunidades de inversión históricas que surgirán de una resolución exitosa del conflicto en Ucrania”, según ha anunciado el departamento de Estado norteamericano.

“Los proyectos conjuntos harán que las economías rusa y estadounidense sean más exitosas”, ha declarado Dmitriev a las agencias de noticias rusas. Algunos medios cercanos al Kremlin (tanto públicos como otros afines) han difundido este martes, sin confirmación alguna, que varias empresas occidentales, como Coca-Cola o Zara, se plantean volver a abrir sus negocios en Rusia.

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