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La policía israelí irrumpió el domingo en dos locales de una de las librerías palestinas más emblemáticas de Jerusalén, Educational Bookshop, y arrestó a dos de sus responsables: Mahmud Muna y su sobrino Imad Muna. Según ha contado este lunes Iyad, hermano de Imad, los agentes, que no iban uniformados, mostraron una orden de registro y, usando el traductor de Google con el móvil, fueron tratando de entender el contenido de los libros. Finalmente se llevaron decenas de ellos en dos grandes bolsas.
Educational Bookshop es una librería muy conocida, ubicada en la gran arteria comercial de Jerusalén Este, frecuentada por diplomáticos, periodistas, cooperantes e investigadores y recomendada en guías turísticas de la ciudad. Tras 22 horas detenidos, Mahmud e Imad han comparecido con rostro cansado esta mañana ante un tribunal. En la vista, a la que ha asistido este periódico, el juez ha prorrogado la detención 24 horas, hasta el martes, y ha decretado otros cinco días de arresto domiciliario. La investigadora policial pedía extender ocho días la detención en prisión mientras se analizaban al menos ocho de los libros incautados, en árabe, inglés y alemán, que la policía sostiene que incitan a la violencia.
Una veintena de personas se ha concentrado a las puertas del tribunal, coreando lemas como “No hay santidad en una ciudad ocupada” o “Libros, no bombas”. Decenas de diplomáticos, sobre todo europeos, rostros de la cultura y periodistas internacionales se han desplazado también al tribunal.
“Como no entendían árabe ni inglés, los policías iban cogiendo aquello cuya portada les enfadase: una bandera palestina, un mapa de Palestina, alguien haciendo el signo de la victoria…”, ha explicado Iyad en los pasillos del tribunal. “Entraron a las 15.00 a la vez en las dos librerías. Pidieron a los clientes que se fuesen y empezaron a rastrear. Decían que buscaban material que incitase. Tiraron libros por el suelo, lo dejaron hecho un lío”, ha señalado. La librería vende, sobre todo, libros en árabe e inglés, también en alemán. La familia ha añadido que, durante la redada, los agentes se toparon con un ejemplar del diario Haaretz con las imágenes de los rehenes secuestrados en Gaza y lo interpretaron como material que podía incitar a la violencia. La policía requisó igualmente ejemplares como Gaza en crisis, del reconocido historiador Ilan Pappé y el filósofo Noam Chomsky; o Wall and Piece, sobre el grafitero Banksy.
La policía afirma en su comunicado que confiscó “numerosos libros que contienen material que incita [a la violencia], con temas nacionalistas palestinos”. En la vista, la investigadora policial ha rehusado repetidamente especificar cuáles son. Primero ha dicho que calcula que los agentes se llevaron más de diez ejemplares, para acabar hablando de 35 o 40. También ha rechazado pronunciarse sobre “lo que dice la prensa” al ser preguntada por uno de los ejemplares que, según había difundido el propio comunicado policial, se habían incautado los agentes: un libro infantil para colorear titulado Desde el río hasta el mar. El título de ese libro es un conocido lema palestino que a veces se emplea como reivindicación del territorio desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo y otras como muestra genérica de solidaridad con Palestina o en favor de la justicia en toda la zona.
Los agentes se llevaron dos grandes cajas de libros y por la noche llamaron a los familiares de los detenidos para que fueran a recogerlos. Al acudir, estos constataron que varios ejemplares habían desaparecido. “Es incomprensible. Creemos que es un asunto político, simplemente”, ha señalado en el tribunal Morad, otro hermano de Imad.
Inicialmente, el registro se basaba en una posible alteración del orden público (un cajón de sastre en el que se basan muchos arrestos). En la vista, la investigadora policial ha pedido prorrogar el arresto ocho días, añadiendo una supuesta “peligrosidad”. El abogado de Mahmud e Imad, Nasser Odeh, ha argumentado que el caso se enmarca en una “persecución política” (el actual ministro a cargo de la policía es el ultraderechista Itamar Ben Gvir) y que la sospecha de incitación a la violencia no se sostiene en una librería con numerosos libros en otras lenguas y diplomáticos o periodistas entre su clientela. Más aún cuando algunos ejemplares estaban en el almacén. Odeh ha insistido en presentar a sus clientes como dependientes que ni son los dueños de la librería ni tienen por qué conocer cada libro que venden.
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