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El alto el fuego en Gaza ha alcanzado este lunes, apenas en el ecuador de su primera fase, su mayor momento de crisis. Hamás ha anunciado el aplazamiento “hasta nuevo aviso” de la entrega de rehenes israelíes prevista para este sábado (las liberaciones son semanales), en represalia por tres semanas de “violaciones” e “incumplimientos de sus términos” por el Gobierno de Benjamín Netanyahu. E, inmediatamente después, el ministro israelí de Defensa, Israel Katz, ha ordenado al ejército prepararse “al máximo nivel de alerta para cualquier escenario posible en Gaza” tras lo que ha definido como una “total vulneración del acuerdo”.

El ya de por sí frágil pacto, alcanzado el mes pasado y que ha permitido la entrega de 16 de los 33 rehenes israelíes y la excarcelación de cientos de presos palestinos (desde arrestados sin cargos hasta sentenciados a perpetuidad por atentar contra israelíes), se complicó particularmente la pasada semana. En concreto, tras el anuncio (jaleado por Netanyahu) del presidente de EE UU, Donald Trump, de su intención de expulsar para siempre de Gaza a sus 2,3 millones de habitantes para tomar posesión de la Franja. Ha dado un vuelco y ha llenado de interrogantes el objetivo último del alto el fuego: el fin de la guerra.

Abu Obeida, el portavoz del brazo armado de Hamás, ha reprochado a Israel episodios ocurridos desde el inicio del proceso: las 24 horas de demora en el regreso de los desplazados al norte de Gaza (en represalia por que Hamás entregase antes a cuatro soldadas que a una civil), los “ataques con artillería y disparos contra ellas en diversas zonas de Gaza” (que han dejado varios muertos, en ataques puntuales) y “la negativa a permitir la entrada de todo tipo de ayuda humanitaria, tal como se había acordado”. Obeida pospone la próxima liberación hasta que Israel “cumpla el acuerdo” y ofrezca “una compensación retroactiva por las semanas anteriores”.

El foro que agrupa a la gran mayoría de las familias de los rehenes en Gaza ha realizado un llamamiento “urgente” a los países mediadores entre Israel y Hamás (Estados Unidos, Egipto y Qatar) para evitar que se rompa el alto el fuego, en cuyas dos primeras fases el movimiento islamista debería entregar los 76 rehenes (entre vivos y muertos) aún en sus manos. “Nos solidarizamos con el Gobierno israelí y alentamos a que se mantengan las condiciones que garanticen la continuación con éxito del acuerdo, que conduzca al regreso seguro de nuestros 76 hermanos y hermanas”, apuntan.

Medidas

Tras el último y quinto canje de rehenes y presos, el sábado, Netanyahu adelantó que tomará “medidas apropiadas” -que no ha especificado ni aplicado desde entonces- por el “grave estado” de los tres rehenes israelíes liberados, notablemente delgados y demacrados tras 491 días de cautiverio. Las imágenes -que diversas voces en el país, desde el presidente, Isaac Herzog, hasta el foro de familiares de los rehenes, han comparado con el Holocausto- se asemejan a las de algunos presos palestinos al abandonar estas últimas semanas unas cárceles donde han perecido medio centenar de reclusos desde el ataque de Hamás, en octubre de 2023, según organizaciones de derechos humanos y de los presos. Desde entonces, las condiciones han empeorado notablemente, con denuncias de torturas y maltrato constantes.

El texto del acuerdo especifica que las negociaciones sobre la segunda fase debían comenzar el día 16º de la primera, que se cumplió el lunes de la semana pasada. Consciente de que el futuro de Gaza se decide más en la Casa Blanca que en la mesa de negociaciones en Doha (Qatar), retrasó el envío de una delegación y anunció que convocaría a su regreso al gabinete de seguridad, para decidir las posiciones en torno a los “detalles técnicos” del paso a la segunda fase. Es la que debe llevar a la entrega de todos los rehenes y el fin de la guerra, y que el sueño de Trump de una Gaza sin su población ha convertido en un gran interrogante.

El aplazamiento se produce apenas un día después de que la delegación israelí se desplazase a Qatar para iniciar las negociaciones de la segunda fase de la tregua. Netanyahu pasó una semana en Estados Unidos (Trump anunció su plan para Gaza tras reunirse con él) y retrasó el envío de la delegación hasta volver y convocar al gabinete de seguridad, algo que solo ha programado para este martes. Este lunes, la oficina de Netanyahu ha anunciado, sin detallar los motivos, el regreso a Israel de la delegación, cuyas únicas atribuciones en Doha eran escuchar y analizar “detalles técnicos”.

Decreto

Con la tregua pendiente de un hilo, el presidente de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), Mahmud Abbas, ha emitido un decreto que anula el actual sistema de pagos a miles de familias de prisioneros, mártires (como se denomina a los muertos en el marco del conflicto con Israel, desde los autores de ataques suicidas hasta meras víctimas civiles) y heridos. El mandatario no deja claro si esos subsidios se interrumpen de inmediato o si esas familias van a seguir recibiendo ayudas a través de otra entidad diferente. Para Estados Unidos, el actual sistema de ayudas que ahora ha eliminado Abbas es algo así como “pago por asesinato” con el que se premia la lucha armada contra Israel.

El anuncio del presidente, además de producirse en un momento de falta de popularidad de su figura y de la ANP entre los palestinos, llega en una coyuntura delicada del conflicto.

Aunque el Ejecutivo que lidera Netanyahu rechaza otorgarle papel alguno en Gaza una vez que acabe la guerra, la ANP es la opción preferida de la comunidad internacional para participar en la transición en la Franja, en sustitución de Hamás.

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