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La ultraderecha europea ha celebrado este sábado en Madrid los primeros pasos de Donald Trump en la Casa Blanca en un ambiente de euforia, convencida de que la revolución ultraconservadora iniciada en Washington tendrá su réplica en Europa. Tanto el anfitrión, el español Santiago Abascal, presidente de Vox, como el holandés Geert Wilders, líder del Partido por la Libertad (PVV) se han referido al nuevo inquilino de la Casa Blanca como un “compañero de armas”, aunque el último ha admitido no compartir algunas de sus medidas, mientras que el primero ha minimizado incluso la posible imposición de aranceles a los productos europeos y españoles, alegando que “el gran arancel es el Pacto Verde” de la UE, contra el que todos han arremetido, culpándole de la decadencia económica de Europa.
El primer ministro húngaro, Víktor Orbán, verdadero patrón del denominado grupo de los Patriotas, el tercero del Parlamento Europeo con 86 escaños, reunido este viernes y sábado en Madrid, ha asegurado que “el triunfo de Trump ha cambiado el mundo” y que las fuerzas políticas que antes se identificaban con el pasado ahora son una apuesta de futuro. Se ha presentado a sí mismo como un adelantado del nuevo presidente estadounidense y ha presumido de que, en los 15 años que lleva en el poder, ha convertido Hungría “en un laboratorio de las políticas conservadoras”, con medidas como la tipificación de la inmigración irregular como delito, la introducción en la Constitución de su país de la defensa de la cultura cristiana o la prohibición del matrimonio entre personas del mismo sexo. No ha sido el único orador que ha parafraseado a Trump al asegurar que “solo hay dos géneros, hombre y mujer”. Pero cuando ha cosechado un fuerte aplauso, con los 2.000 asistentes al mitin en pie, ha sido cuando ha agradecido el apoyo de la dictadura de Franco a la revolución húngara de 1956, aunque ese respaldo no tuviera efectos prácticos y respondiera al objetivo de que las democracias occidentales le admitieran por su anticomunismo.
Aunque el líder de la Liga italiana, Matteo Salvini, ha hecho una alusión velada a la guerra de Ucrania y al ascenso de Alternativa por Alemania (AfD), han sido Orbán y Abascal quienes expresamente se han referido a estos dos asuntos que dividen a la ultraderecha europea. El primer ministro húngaro, principal aliado de Putin en la UE, ha criticado el apoyo militar de los países europeos a Kiev, asegurando que, “por culpa de Bruselas se está destinando nuestro dinero a Ucrania, a una guerra sin esperanza”. Por su parte, el líder de Vox ha deseado “la victoria de Alice Wedel [la candidata de AfD] en las próximas elecciones” del 23 de febrero. Se da la circunstancia de que este partido fue expulsado en la anterior legislatura del grupo de Le Pen por su justificación de los nazis.
Salvini ha cargado contra el Tribunal Penal Internacional (TPI), al que Trump ha impuesto sanciones por dictar una orden de detención contra el primer ministro israelí, y le ha acusado de “equiparar a los terroristas de Hamás con un gobernante democrático como Bibi [Benjamin] Netanyahu”. Abascal ha ido aún más lejos al denunciar el intento de “imponer una dictadura global que ya solo resiste en Bruselas y en foros internacionales como Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud y la Corte Penal Internacional”.
Wilders ha hecho el discurso más xenófobo, agradeciendo a España que, con la “reconquista” (término que han utilizado varios oradores), fuera la primera en expulsar al Islam de suelo europeo, mientras que Orbán ha dado carta de naturaleza a los mitos de la extrema derecha, al proclamar que “el reemplazo de la población de Europa [cristianos por musulmanes] no es una teoría de la conspiración, es pura práctica”. Sus filias y fobias las ha dejado claras al asegurar que “George Soros [el magnate húngaro partidario de la globalización] es el pasado y Elon Musk el futuro”.
Aunque sin citarle, también Abascal se ha referido al multimillonario aliado de Trump, al asegurar que, hasta que compró la red social X, los partidos reunidos en Madrid han sido objeto de una “censura implacable”, para que “no se escuchara su mensaje”.
La líder del Reagrupamiento Nacional francés, Marine Le Pen, que aspira a ganar El Elíseo en 2027, ha hecho un discurso más templado, subrayando que la llegada de Trump al poder supone “un cambio mundial”, pero agregando que no se trata de que los países europeos se alineen con él, sino de que atiendan su llamada al “renacimiento de Europa” y establezcan un diálogo en el que cada uno defienda sus intereses y para el que ella se presenta como la mejor interlocutora.
El presidente del Partido de la Libertad (FPÖ), Herbert Kickl, ganador de las últimas elecciones austriacas, que excusado su presencia en Madrid, ha enviado un mensaje grabado, al igual que el presidente argentino Javier Milei, con un brevísimo saludo a “su amigo” Abascal, y la líder de la oposición venezolana, Maria Corina Machado. Las distintas voces que se han escuchado en el auditorio del hotel de Madrid donde se ha celebrado el acto han mostrado los diferentes tonos de la extrema derecha europea, pero todos con un denominador común: el blindaje de las fronteras frente a la inmigración, la defensa de la familia tradicional y el rechazo al proyecto europeo. Para el anfitrión, Santiago Abascal, ha supuesto una inyección de moral en un momento en que su partido ha sufrido la baja de una de sus figuras más conocidas, el exvicepresidente de Castilla y León Juan García-Gallardo. El portugués André Ventura, líder de Chega, ha llamado a los españoles a votar por Vox, “porque cambiar a Sánchez por Feijóo sería un tremendo error”, mientras que Orbán ha levantado el entusiasmo del auditorio cuando ha elogiado el valor del “torero” Abascal.
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